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2018

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Rata Blanca fue una aplanadora en su paso inolvidable por Puerto Rock PDF Imprimir E-Mail
domingo, 03 de agosto de 2014

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Un huracán de rock y metal pasó por Bariloche. Rata Blanca colmó el puerto de seguidores y no defraudó a ninguno de ellos. Mucha potencia, un sonido increíble y una veintena de canciones que hicieron delirar hasta el fan más exigente.

Será muy difícil olvidar el show de Rata Blanca en Puerto Rock. Fiel a su estilo, no defraudó y muy por el contrario, mantuvo a su público extasiado de principio a fin. La inconfundible voz de Adrián Barilari y el fantástico talento de Walter Giardino para tocar su Fender Stratocaster, deleitaron a la multitud.

Ya desde el arranque, ninguno de los fanáticos de la banda se quedó con los pies en la tierra, porque la velada inició con “El reino olvidado”, “endorfina”, Solo para amarte” y “el beso de la bruja”, clásico de los noventa.

Luego fue el momento de uno más nuevo, pero igual de exitoso y cantabdo por todos los presentes: “volviendo a casa”, seguido de la gran historia de “talismán”, para luego volver bien arriba con “el círculo de fuego” y “caballo salvaje”.

Rata Blanca está considerada una de las formaciones más importantes e influyentes del heavy metal en español, aunque durante su carrera también han incorporado hard rock, power ballad, power metal, speed metal y metal neoclásico, combinando pesados riffs con estructuras melódicas y armónicas de la música clásica.

Todo estuvo presente en esta ciudad. Giardino no hizo descansar en toda la noche a su mágica guitarra, acompañada de un Barilari histriónico e imparable. Guille Sanchez desde el bajo y Fer Scarella en batería completaron un combo explosivo.

Uno de los momentos mágicos del show fue el infaltable “Capricho árabe-preludio obsesivo”, donde la guitarra de Walter y el propio músico se funde en un solo inigualable con impactantes riffs. Luego siguieron con “la otra cara de la moneda”, “chico callejero”, y “guerrero del arco iris”, ese increíble himno a la conciencia del cuidado de la naturaleza.

Allí fue la clásica falsa despedida, seguido por el momento de los bises. El primero fue “la llave de la puerta secreta”, seguido de “abrazando el rock and roll”, donde todos con brazos en alto no pararon de vociferar el estribillo: “no seré uno más, rock n'roll, vos me diste libertad”.

Y para el final, fue el tiempo de dos grandes clásicos infaltables: “mujer amante” (sin dudas la más cantada de la noche) y “la leyenda del hada y el mago”, con mucho power y violas detonadoras. Antes de que se baje el telón, los músicos regalaron palillos, púas y Giardino volvió a arrancar las cuerdas de su guitarra, enloqueciendo a los metaleros que se retornaron a sus casas empapados de rock.

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