Más de 100 mil rionegrinos tienen deudas en situación irregular y el fenómeno empieza a preocupar por su impacto directo sobre la actividad comercial local. La Cámara de Comercio de Viedma analizó los datos y advierte sobre un ‘efecto desplazamiento’ que reduce la capacidad de compra de las familias. El problema golpea especialmente a rubros como indumentaria, gastronomía y artículos para el hogar.
El sobreendeudamiento de los hogares rionegrinos se convirtió en una señal de alerta para el comercio local. Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborados con información del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y la Central de Deudores (CENDEU), la provincia registra 101.275 personas con deudas en situación irregular, una tasa de morosidad del 15,4% y un préstamo moroso promedio de $2.736.315, por encima del promedio nacional de $2.556.203.
La Cámara de Comercio de Viedma tomó esos indicadores y realizó su propio análisis sobre las consecuencias que este nivel de endeudamiento puede tener sobre la economía de las ciudades. La conclusión es que el dinero que los hogares destinan al pago de cuotas, mínimos e intereses es dinero que deja de circular en los comercios, la gastronomía y otros servicios de consumo cotidiano.
Uno de los datos más preocupantes es la concentración de deudores en las categorías más graves. De las 101.275 personas con obligaciones crediticias irregulares, 63.921 —el 63,1%— se encuentran en Situación 5, considerada irrecuperable o incobrable. Otras 24.627 están clasificadas en Situación 4, que corresponde a un alto riesgo de insolvencia. Esto significa que una parte muy significativa de los deudores no atraviesa un simple atraso puntual, sino un deterioro financiero que dificulta recuperar capacidad de crédito y sostener otros gastos del hogar.
El problema adquiere una dimensión particular cuando se observa quiénes concentran las deudas. El 72,5% de los deudores rionegrinos tiene entre 25 y 54 años, una franja etaria que reúne gran parte de la población económicamente activa y que tiene un peso central en el consumo de bienes y servicios. Que sea justamente este segmento el más comprometido financieramente refuerza la preocupación sobre el impacto en la demanda interna.
Las billeteras virtuales también aparecen como un componente relevante del escenario. En Río Negro, la morosidad en ese segmento llega al 28,6% y hay 53.082 personas que tienen deudas exclusivamente con este tipo de plataformas. En cuanto a montos, el préstamo moroso promedio en bancos alcanza los $3.264.975, mientras que en billeteras virtuales llega a $1.527.495.
Para la Cámara de Comercio de Viedma, el origen del problema está en la forma en que las familias fueron utilizando el crédito para sostener sus gastos frente al aumento de tarifas, transporte y alquileres. Ante esa presión, los hogares recurrieron con mayor frecuencia a tarjetas de crédito y financiamiento digital. Cuando esas obligaciones se acumulan, el dinero disponible para compras en comercios queda comprometido en el pago de deudas. La entidad denomina a este proceso ‘efecto desplazamiento’: el crédito que permite sostener el presupuesto en el corto plazo termina erosionando la capacidad de consumo posterior.
Los rubros más expuestos son aquellos que dependen del consumo discrecional: indumentaria, calzado, artículos para el hogar y gastronomía figuran entre las actividades que pueden sentir con mayor rapidez una caída en las compras cuando las familias priorizan el pago de sus obligaciones financieras. Pero el impacto no se limita al mostrador: una menor facturación se traduce en menos liquidez para las PyMEs, dificultades para afrontar compromisos propios y mayor presión sobre la cadena de pagos, generando un efecto en cadena sobre distintos eslabones de la economía local.
Aunque Río Negro no registra una de las tasas de morosidad más altas del país —su 15,4% se ubica apenas por debajo del 15,7% nacional—, sí presenta una fuerte concentración de deudores en las categorías más graves y uno de los montos promedio más elevados, ocupando el sexto lugar en el país por ese indicador. Desde la Cámara señalan que por eso el problema no debe medirse solo por la cantidad de morosos, sino por el efecto concreto que la deuda tiene sobre la capacidad de compra y el circuito económico de las ciudades.
Frente a este diagnóstico, la entidad propone medidas en tres niveles. En el plano macroeconómico, plantea recomponer la capacidad de compra de los hogares y revisar la evolución de los cuadros tarifarios. En el plano financiero, propone intervenir sobre los costos de los créditos digitales y facilitar mecanismos de consolidación de deudas. El tercer eje apunta directamente a familias y comerciantes, con la creación de espacios de asistencia financiera y talleres de educación económica que permitan ordenar presupuestos y reestructurar compromisos antes de que el deterioro se profundice.






























