El área de Sanidad Animal del municipio incorporó la investigación epidemiológica como parte de sus políticas públicas, aprovechando el contacto con los vecinos durante los servicios veterinarios gratuitos. Un estudio sobre conocimientos y prácticas frente a la rabia reveló una brecha entre lo que la gente sabe y lo que efectivamente hace. Los primeros resultados ya orientan mejoras en las estrategias de prevención.
Cada vez que un veterinario municipal castra un perro o aplica una vacuna antirrábica en un barrio de Bariloche, ese momento puede convertirse en algo más que una prestación sanitaria. Desde hace un tiempo, Sanidad Animal viene transformando esos encuentros cotidianos con los vecinos en una oportunidad para producir conocimiento científico y mejorar las políticas públicas. En el marco del Día Mundial contra la Rabia, el área dio a conocer los primeros resultados de un estudio sobre conocimientos, actitudes y prácticas —conocido por sus siglas en inglés como KAP— frente a esta enfermedad.
La metodología tiene una particularidad que la distingue de otros relevamientos: las encuestas no se realizan en laboratorios ni en oficinas, sino directamente durante las jornadas de castraciones masivas y las campañas de vacunación antirrábica que el municipio lleva a los distintos barrios de la ciudad. Así, el contacto entre los equipos veterinarios y los vecinos genera, además del servicio en sí, datos concretos sobre la realidad sanitaria local.
Los primeros resultados muestran un nivel alto de reconocimiento de la enfermedad entre la población consultada. El 93,1% dijo haber escuchado hablar de la rabia y el 82,1% sabe que puede transmitirse a las personas. En cuanto a la vacunación, el 96,3% conoce la existencia de una vacuna para perros y gatos, y el 93,4% la considera importante o muy importante. Sin embargo, el estudio también revela una distancia significativa entre ese conocimiento y la práctica concreta: solo el 68,1% afirmó haber vacunado a su mascota durante el último año, mientras que el 31,4% reconoció no haberlo hecho.
Para el director de Sanidad Animal, Roque, esa brecha es precisamente uno de los hallazgos más valiosos del trabajo. ‘Cuando hacemos una castración o aplicamos una vacuna, no solamente estamos resolviendo una necesidad concreta; también estamos entrando en contacto con una familia, con un animal y con una realidad sanitaria. Si ese contacto, además, nos permite generar datos y conocimiento, estamos haciendo que el servicio público tenga todavía más valor’, explicó el funcionario.
Roque también subrayó que se trata de una novedad dentro del esquema de trabajo municipal. ‘Esto es algo que estamos incorporando por primera vez de esta manera en el Municipio: utilizar la capacidad instalada de los servicios veterinarios municipales gratuitos para producir información científica que después nos permita mejorar las políticas sanitarias. La política pública tiene que partir de la realidad y, para eso, primero tenemos que conocerla’, sostuvo.
Quien lleva adelante los estudios es la médica veterinaria Catalina Lauroua, referente del área de investigación de Sanidad Animal. Según explicó, el objetivo no es evaluar a los vecinos sino identificar dónde es necesario reforzar las estrategias de información y educación sanitaria. ‘La investigación en Sanidad Animal nos permite pasar de una percepción general de los problemas a contar con evidencia sobre lo que sucede concretamente en nuestra comunidad. Cuando estudiamos una enfermedad, no solamente queremos saber si existe o no: queremos conocer cómo se presenta, qué sabe la población y dónde están las principales necesidades de intervención’, señaló.
Sobre los resultados del estudio en particular, Lauroua fue clara respecto a lo que indican: ‘Encontramos una distancia entre la importancia que las personas le asignan a la vacunación y la proporción que efectivamente vacunó a sus animales durante el último año. Esa diferencia es muy valiosa para nosotros porque nos indica que no alcanza solamente con decir que hay que vacunar: necesitamos entender qué factores están interviniendo y cómo podemos mejorar las estrategias de prevención’.
La línea de investigación no se agota en la rabia. Sanidad Animal ya finalizó un estudio sobre Brucella canis —una enfermedad bacteriana que puede transmitirse de perros a personas— y actualmente desarrolla también una investigación vinculada a parasitosis en perros y gatos. La investigación se plantea así como uno de los pilares del modelo de gestión del área, junto con la prestación de servicios, la prevención, la educación en tenencia responsable y la vigilancia epidemiológica.
El estudio KAP sobre rabia continúa abierto y desde Sanidad Animal invitan a los vecinos a completar la encuesta para ampliar la muestra y robustecer los datos obtenidos. La participación es especialmente relevante porque la información se construye a partir de quienes conviven a diario con animales de compañía y utilizan los servicios municipales. Lauroua agradeció a quienes ya respondieron y remarcó la importancia del aporte comunitario para que la investigación tenga mayor alcance y representatividad.



























