Un análisis de la actualidad nacional revela las tensiones que atraviesan al gobierno de Milei, desde su cambio de postura sobre el Papa Francisco hasta los conflictos con la Justicia y los medios. La prohibición de papelitos en el fútbol y el proyecto de reforma política suman interrogantes sobre el rumbo del país.
A un año del fallecimiento del Papa Francisco, el presidente Javier Milei realizó un giro de 180 grados en su valoración del pontífice argentino. Quien alguna vez lo calificó como ‘un imbécil’ y ‘el representante del maligno en la Tierra’, ahora lo visitó en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén para rendirle homenaje como ‘el argentino más importante de la historia’, destacando su trascendencia universal y su rol como líder espiritual global.
En la ceremonia realizada en la Basílica de Luján para recordar al Papa, se evidenció otra grieta política. Ante la ausencia del presidente por estar en el exterior, se esperaba la presencia de la vicepresidenta a cargo de la Presidencia, quien finalmente participó de otra ceremonia donde había sido bautizado Jorge Bergoglio. Durante el momento del saludo de la paz, miembros del gobierno nacional y provincial, separados por un pasillo del templo, ni siquiera fueron capaces de cruzar para saludarse, en una imagen que resultó lamentable para los observadores.
En un curioso paralelismo histórico, vuelve la prohibición de arrojar papelitos en los partidos de fútbol, a casi 50 años del Mundial 78. Antes de ese campeonato, el periodista José María Muñoz pedía desde las cabinas que no se tiraran papelitos, mientras el dibujante Caloi, a través de su personaje Clemente, se oponía a esas recomendaciones con sesgo autoritario. Ahora, en las puertas del cincuentenario de aquel título mundial, la medida restrictiva regresa.
El gobierno ingresó por la Cámara de Senadores un proyecto de reforma política que suspende las PASO, argumentando un ahorro significativo. La iniciativa también introduce el concepto de Ficha Limpia, que impedirá que quienes tengan condenas en segunda instancia sean candidatos, además de prohibir que figuren en dos lugares en las listas y modificar los aportes del Estado para las elecciones. Antes de las PASO, las elecciones internas eran financiadas por los propios partidos políticos.
La oposición rechaza el proyecto por sistema, mientras que los aliados circunstanciales del gobierno denuncian no haber sido consultados. La inclusión del tema de Ficha Limpia es tomada como una provocación, ya que quienes se opongan podrían ser acusados de resultar funcionales a los corruptos. Algunos analistas advierten que esta forma de proceder, al estilo de ‘Ordeno, Mando y hago saber’, podría ser otra bravuconada con hechos consumados que en democracia no suelen tener buen destino.
En otro orden, surge la aparente candidatura del pastor Dante Gebel para las elecciones del año próximo como un verdadero outsider. Sin negar sus condiciones éticas, morales e intenciones, el interrogante es si el país está ante una época donde libres pensadores sin experiencia en gestión, sin equipo consolidado y con escasa representatividad, pueden conducir los destinos nacionales.
La relación del gobierno con los medios también genera tensiones. Periodistas de primera línea como Pagni, Bonelli, Fernández Díaz y Morales Solá reciben insultos habituales, a pesar de su innegable trascendencia y de resultar difícil encuadrarlos como ‘necios opositores, tira bombas o vendedores de humo’.
Con la Justicia, el Ejecutivo tampoco mantiene una relación armoniosa. Debe enfrentar amparos para que dé cumplimiento a la Ley de Financiamiento Universitario, la Emergencia en Discapacidad y para que Capital Humano reponga el programa de asistencia social Volver al Trabajo.
A estos problemas se suman las internas dentro del propio gobierno y la delicada situación del Jefe de Gabinete de Ministros, sobre quien cada día surge algo nuevo que comentar. Este panorama complejo plantea interrogantes sobre la capacidad de gestión y los desafíos que enfrenta la administración actual en un país que, según describió el filósofo español Julián Marías en 1945, se caracteriza por su amnesia selectiva y su tendencia a la contradicción.
































