Adriana Abel, responsable del Registro de Adopción de la Primera Circunscripción Judicial, reveló una cifra alarmante: en toda la provincia hay apenas 17 familias inscriptas para adoptar. La brecha entre las expectativas de los postulantes y las necesidades reales de los niños agrava la situación.
La situación de los procesos de adopción en Río Negro atraviesa un momento crítico marcado por un profundo cambio cultural y estadísticas preocupantes. En diálogo con el programa ‘El Radar’ de Radio Noticias, Adriana Abel, responsable del Registro de Adopción de la Primera Circunscripción Judicial con sede en Viedma, reveló que la zona llegó a estar completamente vacía de familias aspirantes, una realidad que se replica en el resto de la provincia y el país.
‘Si bien estábamos en una situación de no tener familias en la circunscripción, ahora están llegando nuevas situaciones en proceso de diagnóstico. Se podría decir que habemus familias, pero es un registro muy movedizo’, matizó Abel. Sin embargo, la funcionaria no ocultó su preocupación por la tendencia generalizada: ‘Hay una baja en toda la provincia y en todo el país. Hoy, en términos provinciales, contamos solamente con 17 familias inscriptas’.
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan los registros es la brecha entre las expectativas de los adultos y las necesidades reales de las infancias en situación de adoptabilidad. La gran mayoría de los postulantes se inscribe para adoptar bebés o niños de hasta 5 años; sin embargo, la realidad de las instituciones de resguardo es muy distinta. De las 17 familias registradas en todo Río Negro, solo tres aceptan grupos de dos hermanos, y ninguna está disponible para alojar a un niño mayor de 10 años o con alguna discapacidad.
Ante el agotamiento de las listas internas del Registro provincial e incluso nacional, el Poder Judicial debe recurrir a las llamadas convocatorias públicas como última instancia de protección. ‘En la actualidad tenemos 11 niños y adolescentes que no tienen familia y esperan por una en Río Negro a través de este mecanismo: nueve son adolescentes a partir de los 12 años y dos son niñas, una de ellas en situación de discapacidad. Las convocatorias ponen de manifiesto lo que les falta a los registros’, enfatizó Abel.
Al ser consultada sobre los motivos de este descenso en las inscripciones, la funcionaria coincidió en que la baja en la tasa de natalidad global influye, pero sumó un factor clave: el avance tecnológico de la medicina. ‘Antes, las familias aparecían más jóvenes en el Registro cuando la vía biológica no funcionaba. Hoy pasan por tratamientos largos y de mucha intensidad. Cuando descartan esa opción y llegan a la adopción, lo hacen con edades mucho más grandes que hace diez años’, explicó. Esto requiere además un proceso de duelo por el hijo biológico que no fue, para dar lugar a una paternidad o maternidad con una historia y filiación distintas.
Abel apuntó con firmeza contra los prejuicios sociales y burocráticos que actúan como barreras invisibles, desalentando a potenciales adoptantes antes de que siquiera se animen a consultar. Con el objetivo de revertir esta tendencia, la responsable del Registro fue categórica al desmitificar los requisitos legales y trazar un panorama mucho más inclusivo.
En primer lugar, aclaró que la adopción en la provincia no es un terreno exclusivo para las parejas tradicionales. Cualquier persona mayor de 25 años tiene el derecho de postularse, sin importar su estado civil -lo que incluye a solteros y solteras-, sus configuraciones familiares previas o su identidad legal, estando el sistema plenamente abierto para parejas del mismo o de distinto sexo. Asimismo, derribó la falsa creencia de que quienes ya tienen descendencia quedan marginados del proceso, asegurando que tener hijos biológicos no representa ningún tipo de impedimento.
Lejos de las exigencias socioeconómicas o de los modelos de familia idílicos que suelen imaginarse, Abel remarcó que el único requisito verdaderamente excluyente para el sistema judicial es contar con ‘capacidad parental adoptiva’. Esto se traduce en la madurez afectiva y mental necesaria para alojar y comprender la singularidad de un niño o adolescente; alguien que no es una hoja en blanco, sino que llega con una historia propia, con vivencias previas y, en muchísimos casos, con lazos de hermandad preexistentes que el nuevo entorno adulto tiene la obligación de respetar y sostener en el tiempo.
Durante la entrevista radial, se aclaró la diferencia conceptual con el programa de Familias Solidarias que coordina la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf). Mientras que este último es un dispositivo temporal (con un límite judicial de 6 meses para que la familia de origen revierta su situación de vulnerabilidad), la adopción es la instancia definitiva. ‘Buscamos una familia para siempre, porque lo impone la ley y porque la infancia necesita desarrollarse en un ámbito familiar duradero, no en una institución’, remarcó.
Para aquellos vecinos de Viedma y zonas aledañas que sientan el deseo de adoptar, Abel invitó a romper las barreras informativas. El trámite inicial consiste simplemente en acercarse al edificio del Poder Judicial en Viedma y consultar en mesa de entradas por la delegada del Registro (Adriana Abel). Allí se coordina una primera entrevista informativa para la entrega de requisitos, dando inicio a un proceso de acompañamiento técnico y humano por parte del Estado.




























