El Centro de Capacitación y Trabajo 7 de El Bolsón ofrece formación en Herrería y Mecánica Rural con un enfoque práctico y progresivo. Los cursos están abiertos a cualquier persona con ganas de aprender, independientemente de su experiencia previa. Los docentes destacan el valor de las prácticas profesionalizantes y el trabajo colaborativo entre los estudiantes.
El CCT 7 de El Bolsón viene consolidando una propuesta educativa orientada a la formación en oficios, con talleres que combinan teoría y práctica para garantizar una capacitación de calidad. Tanto el área de Herrería como la de Mecánica Rural cuentan con metodologías pensadas para acompañar a los estudiantes desde cero hasta adquirir herramientas concretas para el mundo laboral.
El profesor de Herrería, Lucas Fernández, explicó que no hace falta tener conocimientos previos para sumarse a la capacitación: ‘La idea es tener ganas de aprender. Si la persona tiene conocimientos previos, lo que tratamos de hacer es equiparar con el resto de los compañeros, o que se colaboren entre ellos para poder sumar más experiencia’. Esta dinámica de trabajo grupal favorece el aprendizaje colectivo y el intercambio de saberes entre quienes recién se inician y quienes ya tienen algún recorrido.
Fernández detalló que los talleres de Herrería se organizan en distintas etapas. La primera consiste en un acercamiento general a las herramientas disponibles, el reconocimiento del pañol y del área de trabajo. ‘En función de eso después empezamos a trabajar con algunos tips básicos de soldadura y herrería’, señaló. A esta instancia introductoria se suma una formación teórica que se desarrolla en la propia sede del CCT 7.
Las prácticas ocupan un lugar central en la propuesta pedagógica. ‘Las prácticas son fundamentales, hacemos prácticas profesionalizantes, simulaciones de trabajos en obra, los chicos traen proyectos propios también para poder realizar trabajos, generamos proyectos institucionales para poder articular con otras áreas del CCT, ya sea Electricidad, Mecánica y Herrería’, indicó Fernández. Esta articulación entre áreas fortalece la formación integral de los estudiantes y les permite enfrentarse a situaciones similares a las del trabajo real.
Por su parte, Néstor Vidal, profesor de Mecánica, explicó cómo se diseñó el curso de Mecánica Rural. Según detalló, el primer año apunta a nivelar a quienes ya tienen experiencia con herramientas y a introducir a quienes parten desde cero: ‘El primer año es tratar de que los chicos equiparen a aquellas personas que ya tienen experiencia con hacer uso de herramientas y que empiecen a aprender eso y después comenzar con los autos desde abajo hacia arriba’. En esta etapa, el trabajo se centra en frenos, tren delantero, cambio de bomba, bujes y otras tareas fundamentales del oficio.
En el segundo año, la exigencia aumenta y el enfoque se amplía hacia aspectos organizativos y tecnológicos del taller mecánico. Los estudiantes aprenden a gestionar un espacio de trabajo, confeccionar presupuestos y abordar cuestiones vinculadas a la inyección electrónica. Al respecto, Vidal reconoció que este último campo representa un desafío particular: ‘Hay un saber muy grande que hay detrás de la electrónica aplicada que el taller mecánico solo no lo puede hacer. Por lo menos se les da las herramientas para que continúen su formación por fuera’. Con esa perspectiva, el curso no solo busca capacitar para el trabajo inmediato, sino también motivar a los estudiantes a seguir profundizando sus conocimientos más allá del CCT.





























