El Tren Patagónico emprendió una nueva travesía desde Viedma con destino a San Carlos de Bariloche, llevando a bordo pasajeros de distintos rincones del país y del exterior. La partida volvió a poner en escena el romanticismo de viajar en tren por la Patagonia, conectando el Atlántico con la cordillera a través de uno de los recorridos más emblemáticos de la región.
El Tren Patagónico volvió a rodar sobre los rieles de la provincia de Río Negro, partiendo desde la ciudad de Viedma con rumbo a San Carlos de Bariloche. A bordo, pasajeros provenientes de diferentes puntos de Argentina y también del extranjero, convocados por el deseo común de descubrir o redescubrir la Patagonia desde una perspectiva diferente: la que ofrecen las ventanillas de un tren.
La propuesta turística, impulsada por el Gobierno de Río Negro, conecta la costa atlántica con la cordillera andina en un viaje que combina paisaje, tiempo y experiencia. Cada salida se convierte en un encuentro de historias personales: viajeros que lo hacen por primera vez, otros que repiten la experiencia, y muchos que llegan desde el exterior específicamente para subirse a este tren que atraviesa la estepa patagónica de punta a punta.
El recorrido, de más de 800 kilómetros, es considerado uno de los viajes en tren más atractivos del país. A medida que el paisaje cambia —de la llanura costera a los valles y las montañas— los pasajeros van siendo testigos de la transformación geográfica que hace única a la Patagonia. Las expectativas previas a la partida suelen verse ampliamente superadas por la magnitud del entorno natural que el tren atraviesa.
El Tren Patagónico se consolida así como una alternativa turística de peso para Bariloche, aportando visitantes que eligen una forma de llegada diferente, más lenta y contemplativa, en contraste con el avión o el automóvil. Cada arribo a la estación barilochense representa no solo el fin de un trayecto, sino el inicio de una nueva experiencia en la ciudad lacustre y cordillerana.




























