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Jabalíes en la Patagonia: la UNRN investiga por qué crecen y cómo controlarlos

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Río Negro estudia los factores que explican la creciente presencia del jabalí en ambientes agropecuarios del noreste patagónico. El proyecto combina tecnología de cámaras trampa, análisis ambiental y encuestas sociales para encontrar métodos de control eficientes. Los resultados preliminares confirman que la especie es cada vez más abundante y más difícil de manejar.

El jabalí ya no es una rareza en la Patagonia. Su presencia en campos productivos, los daños que provoca, los accidentes de tránsito que genera y hasta el debate sobre el consumo de su carne han instalado a esta especie como un tema ineludible en la agenda regional. Frente a ese escenario, un equipo de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) lleva adelante distintas líneas de investigación para entender qué factores explican su expansión y cómo se podría controlar de manera efectiva.

Uno de los investigadores del proyecto es Tobías Puebla Fortunato, licenciado en Ciencias del Ambiente y doctorado en Biología por la Universidad Nacional del Sur (UNS). En diálogo con medios de la región, explicó que el trabajo ‘empezó el año pasado, tiene una duración de dos años, pero venimos con una serie de proyectos asociados al jabalí trabajando como grupo hace más de diez años’. La propuesta tiene una mirada ecológica y social al mismo tiempo: combina estimaciones de abundancia mediante cámaras trampa, análisis de variables ambientales y encuestas para conocer la percepción de la población sobre la especie y las alternativas de control.

Una de las preguntas centrales que guía la investigación es qué está haciendo la sociedad que favorece, aunque sea de manera indirecta, el crecimiento de las poblaciones de jabalí. ‘La pregunta que se desprendió de eso fue qué estamos haciendo como sociedad que se mantienen los niveles cada vez más altos, que eso es lo que estamos encontrando, que cada vez hay más’, señaló Puebla Fortunato. En ese análisis aparece el agua como un factor clave: el jabalí tiene dificultades para regular su temperatura corporal y necesita mantenerse cerca de cuerpos de agua dulce para beber, bañarse y limpiarse. Así, las aguadas y bebederos instalados para el ganado se convierten, sin quererlo, en recursos que también aprovecha esta especie.

El investigador también destacó que los estudios previos del grupo encontraron una relación entre la abundancia del jabalí y variables como la carga ganadera y la época del año, lo que refuerza la idea de que el manejo productivo de los establecimientos influye directamente en la presencia de estos animales. ‘Es un bicho súper inteligente que aprovecha cualquier recurso que nosotros hagamos. No es que es algo a propósito que se hace’, resumió Puebla Fortunato.

Para registrar y cuantificar la presencia de los animales, el equipo utiliza cámaras trampa instaladas en seis establecimientos agropecuarios con distintos tipos de manejo. Las cámaras se distribuyen en una grilla con una separación de aproximadamente dos kilómetros entre sí y permanecen activas durante períodos determinados. Una vez retiradas, los investigadores clasifican qué especies visitaron cada punto, en qué horario y cuántos individuos aparecieron. Con esa información realizan análisis de diversidad y comportamiento.

Entre los resultados preliminares, uno de los hallazgos más llamativos es que el jabalí tiene una actividad marcadamente nocturna y que puede modificar su comportamiento según el nivel de actividad humana en cada campo. ‘Cuando hay mucha actividad humana en un campo, los bichos restringen la hora en la que andan. Es como que durante todo el día se tienden a esconder y salen todos juntos en algún momento muy puntual de la noche’, describió el investigador. Este rasgo complica aún más cualquier estrategia de control, ya que los animales aprenden a evitar la presencia humana.

Otra característica que dificulta el manejo de la especie es su extraordinaria capacidad de adaptación. Puebla Fortunato lo resumió con una comparación directa: ‘Si los humanos tenemos mucha capacidad para adaptarnos, creo que el chancho nos va pisando los talones’. El jabalí es omnívoro y generalista, capaz de alimentarse de casi cualquier cosa que encuentre a su paso. ‘Si se cruza carroña lo come, si se cruza con un cordero recién nacido también, si hay cultivos, si hay frutos de monte… come lo que sea’, explicó. A esto se suma su alta capacidad reproductiva y la posibilidad de cruzarse con cerdos domésticos, generando híbridos con una adaptabilidad aún mayor.

En cuanto a los depredadores naturales, el investigador aclaró que no representan una presión suficiente para controlar la población. Si bien existen registros de pumas cazando jabalíes en la región, se trata de encuentros ocasionales y la presión no alcanza para considerar al puma un predador efectivo de la especie.

El proyecto de la UNRN no se limita a describir cuántos jabalíes hay ni dónde aparecen. Una parte fundamental del trabajo apunta a evaluar métodos de control que sean eficientes y que, al mismo tiempo, cuenten con aceptación social. El equipo ya comenzó a estudiar el funcionamiento de jaulas para la captura de animales vivos y está relevando la opinión de la población a través de una encuesta anónima, que forma parte de la tesis doctoral de Puebla Fortunato. ‘Lo que intentamos abordar es a dónde tenemos que intentar enfocar qué métodos para poder controlarlo de manera eficiente’, dijo el especialista. Hasta el momento se habían reunido alrededor de 140 respuestas, aunque el objetivo es ampliar considerablemente ese número para que los resultados sean más representativos.

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