La Escuela Municipal de Montaña de Bariloche completó su temporada de esquí con una jornada emotiva en el Cerro Catedral. Cientos de chicos y chicas de la ciudad vivieron una experiencia única en el centro de esquí más importante de Sudamérica, con aprendizaje, compañerismo y mística cordillerana. El programa, impulsado por la Secretaría de Deportes municipal, garantiza el acceso al deporte de montaña para todos los barrios de la ciudad.
El último fin de semana de la temporada invernal fue mucho más que una jornada de esquí para los participantes de la Escuela Municipal de Montaña. Con el Cerro Catedral como escenario, chicos y chicas barilochenses cerraron un ciclo cargado de aprendizajes, emociones y vínculos que, según quienes lo vivieron, difícilmente se olvidan.
La jornada arrancó bien temprano. Cuando el frío andino todavía apretaba fuerte y la montaña recién comenzaba a despertar, el refugio municipal ubicado en la base del Catedral ya era un hervidero de actividad. Mate en mano y con la vocación a flor de piel, el equipo de profesores y coordinadores planificaba cada detalle del día: qué pistas se iban a recorrer, cómo estaba la calidad de la nieve y qué desafíos técnicos se propondrían para cada grupo.
Los grupos de trabajo tienen nombres propios que reflejan la fauna patagónica y la identidad regional: Huemules, Pudúes, Martín Pescador y Monitos del Monte. Más que simples divisiones operativas, estas agrupaciones funcionaron durante toda la temporada como verdaderas familias, compartiendo jornadas enteras de superación, aprendizaje y risas.
Cuando los chicos y chicas llegaron al refugio, el silencio de la cordillera quedó sepultado bajo el bullicio del encuentro: charlas aceleradas, abrazos entre camperas de abrigo y ese nerviosismo típico de quien sabe que en pocos minutos va a subir a la montaña. El ritual de calzarse las botas de esquí, repartir los pases y controlar cascos y tablas marcó el inicio formal de la aventura. Allí mismo, los profesores repasaron las indicaciones técnicas, las pautas de comportamiento en pista y, fundamentalmente, las medidas de seguridad.
Luego llegó lo que todos esperaban. Cada grupo, liderado por su profesor, encaró hacia los medios de elevación para ganar altura y adentrarse en las pistas del Catedral. Durante horas, la montaña fue un patio de juegos de dimensiones colosales. No solo se practicó ‘la cuña’, el clavar los cantos o el paralelismo: también se aprendió a perderle el miedo a la pendiente, a levantarse con una sonrisa después de una caída y a entender que cada logro individual es, en el fondo, una victoria colectiva.
Cuando las piernas pedían descanso y el sol comenzaba a descender, el refugio volvió a abrir sus puertas para lo que muchos consideran el mejor momento del día: la merienda compartida. Entre mates, chocolates calientes, facturas y alfajores, las anécdotas de las pistas empezaron a circular de mesa en mesa. Con las botas finalmente sueltas y los pies liberados, ese espacio de encuentro se convirtió en el lugar donde se tejen las amistades verdaderas, las que nacen entre guantes húmedos y mejillas rojas y que, como suele pasar, duran para toda la vida.
Detrás de cada una de estas jornadas existe un trabajo logístico y pedagógico enorme. La Secretaría de Deportes de la Municipalidad de San Carlos de Bariloche sostiene el programa con el objetivo de que el deporte de montaña deje de ser un privilegio reservado a pocos y se convierta en un derecho garantizado para los chicos de todos los barrios de la ciudad. Los profesores no solo enseñan a esquiar: transmiten el respeto por el medio ambiente, la prudencia frente al clima y el cuidado mutuo entre compañeros, valores que forman parte del llamado ‘espíritu de montaña’.
Gracias al programa, cientos de jóvenes barilochenses acceden a instalaciones de primer nivel, equipamiento adecuado y entrenamiento técnico en pleno corazón de los Andes, en lo que es considerado el centro de esquí más importante de Sudamérica.
Pero la Escuela Municipal de Montaña no se detiene con el fin de la nieve. El próximo sábado 10 de octubre habrá una gran fiesta de cierre en el Centro Social, Cultural y Deportivo N° 4 ‘Alborada’, ubicado en Diagonal Gutiérrez y Castex, donde toda la familia del programa se reunirá a celebrar y recordar los mejores momentos del invierno. Y el fin de semana siguiente, la escuela ya arrancará con las caminatas de verano para comenzar a explorar los senderos de la región, porque la montaña barilochense, en todas sus estaciones, siempre tiene algo para ofrecer.































