Un informe del Renaper reveló que los nacimientos en Bariloche descendieron de 2.500 en 2014 a 1.342 en 2024, una reducción del 46%. La caída forma parte de una tendencia provincial y nacional, donde los factores económicos y sociales reconfiguran las decisiones reproductivas de las familias.
En los últimos diez años, Bariloche experimentó una drástica caída en su tasa de natalidad. Según datos del Registro Nacional de las Personas (Renaper), los nacimientos en la ciudad pasaron de 2.500 en 2014 a 1.342 en 2024, lo que representa una disminución cercana al 46%. Esta tendencia no es exclusiva de la región, sino que se replica en toda la provincia de Río Negro y el país.
A nivel provincial, la reducción fue aún más pronunciada: los nacimientos cayeron un 52,17%, pasando de 12.271 en 2014 a 6.560 en el último informe. Otros departamentos rionegrinos también muestran bajas significativas. General Roca descendió de 6.441 nacimientos a 3.387; Viedma pasó de alrededor de 12.000 a 1.600; San Antonio de 599 a 296; y Valcheta de 98 a 42.
Los números en departamentos más pequeños son igualmente contundentes. General Conesa cayó de 147 nacimientos a 69; Avellaneda de 714 a 360; 25 de Mayo de 235 a 106; 9 de Julio de 46 a 25; El Cuy de 69 a 25; Pichi Mahuida de 270 a 141; Pilcaniyeu de 125 a 59; y Ñorquinco registró apenas 6 nacimientos en 2024, frente a los 24 de 2014. En Adolfo Alsina, la cifra descendió de 1.197 a 633.
A nivel nacional, la situación es igualmente crítica. En la última década, la cantidad de nacimientos en Argentina cayó casi a la mitad: de 789.279 en 2014 a 402.472 en el último registro. Algunas regiones presentan escenarios extremos, como Tierra del Fuego, donde la Tasa Global de Fecundidad (TGF) alcanzó un mínimo histórico de 0,8, con una reducción del 68%. También en la Ciudad de Buenos Aires y Jujuy la TGF ya se ubica por debajo de 1.
Lo más llamativo es que provincias que históricamente tenían índices de natalidad altos —como Jujuy, Salta, Tucumán y Formosa— comenzaron a mostrar comportamientos demográficos similares, e incluso inferiores, a los del resto del país.
El informe del Renaper identifica seis factores clave que explican esta tendencia. En primer lugar, las restricciones económicas: la inestabilidad laboral, la inflación y el déficit habitacional operan como barreras materiales que postergan o cancelan la formación de familias. En segundo término, la priorización laboral, vinculada al aumento de la participación de la mujer en el mercado laboral y la priorización del desarrollo profesional y personal.
El tercer factor es la brecha de fecundidad: el desfase entre la cantidad de hijos deseados y los que materialmente se pueden sostener, lo que lleva a la postergación del primer hijo. La reconfiguración de vínculos aparece como cuarto elemento, incluyendo la postergación del matrimonio, la inestabilidad en las relaciones de pareja y el aumento de hogares unipersonales.
La planificación reproductiva, con mayor eficiencia en la prevención del embarazo no intencional a través de métodos anticonceptivos de larga duración, es el quinto punto. Finalmente, la estructura de cuidados: los altos costos de crianza, la carencia de redes de apoyo y la inequidad de género en la distribución de tareas de cuidado completan el panorama de una transformación demográfica profunda que ya impacta en toda la región.





























