Mientras unos hormigonan de madrugada y otros firman lejos, el tablero de la política rionegrina se acomoda con dos que suben y uno que habla fuerte pero queda más atrás.
Por Nicanor.
Hace unas noches, volviendo tarde de la radio por el lado de Juan Herman, me encontré con una fila de mixers girando bajo los reflectores, con ese ruido de tambor que no para y que los vecinos de la zona ya escuchan como quien escucha la lluvia, y pensé que en tantos años de micrófono vi muchas obras anunciadas a la luz del día y bastantes menos hechas de noche. Raro. Pero lindo.
La Colectora Sur avanza así, con “trabajo nocturno” y quince mixers, y en el mismo puñado de días el IMTVHS estrenó un portal para que los vecinos hagan sus trámites habitacionales sin la cola de siempre (la que conocemos todos, la que da la vuelta a la manzana), de modo que Walter Cortés terminó la semana con algo que en esta ciudad cotiza más que cualquier discurso, que es poder mostrar el hormigón fresco.
No es casualidad que el intendente comparta la cabecera de la agenda casi codo a codo con el gobernador, ni que sea, de todos los que están en danza, el que más mejoró su imagen en estos días. Mirando lo que dejó la cobertura de la última semana, el mapa tiene dos nombres arriba y bastante distancia hasta el resto.
Arriba de todo sigue Alberto Weretilneck, que además viene en fuerte ascenso, y lo hace con una postal que a quienes vivimos acá nos queda un poco a trasmano (un océano, por decirlo de algún modo): anunció “desde París” la licitación de la Zona Franca de Punta Colorada y firmó con Francia un acuerdo para “modernizar la gestión de residuos” en el Alto Valle.
Suena bien. Uno se imagina la planta de residuos con acento francés y la zona franca llena de barcos, y está en su derecho, porque el gobernador encabeza la imagen y Juntos Somos Río Negro es el espacio que mejor queda parado, pero los que ya vimos esta película sabemos que entre la firma en un salón europeo y el camión que pasa por la esquina hay un trecho largo, de esos que no salen en la foto…
Ahí está la diferencia de estilo, si se quiere, porque Weretilneck juega en el tablero grande, el de las licitaciones y los acuerdos internacionales, mientras Cortés juega en el de la cuadra, el del bache, la colectora y el trámite, eso que en campaña todos llaman “cercanía” y que pocos practican a la madrugada. Por ahora a los dos les rinde, con el gobernador adelante y el intendente achicando la distancia más rápido que nadie.
Más atrás, y lejos del ruido, aparece Agustín Ríos, ministro de Gobierno y Trabajo, tercero en imagen con cosas poco vistosas como el programa Al Día RN para las asociaciones civiles del interior y los servicios digitales que sumaron el Registro de la Propiedad y el Colegio de Abogados de Bariloche, gestión de escritorio que no da titulares pero tampoco disgustos.
El caso que más me hace pensar es el de Gerardo Del Río, presidente del Concejo, que estuvo bastante en boca de todos y sin embargo queda último entre los que se sostuvieron en la agenda, lo cual confirma algo que en la radio aprendimos hace mucho, que estar en todas las conversaciones no es lo mismo que quedar bien en ellas. Claro.
Del Río salió a cruzar a la oposición por frenar el módulo fiscal y le endilgó “un capricho electoral”, que es una frase redonda para un cierre de acto, pero en la misma semana el Concejo que él preside rechazó el proyecto de “auditoría externa” sobre las cuentas del Municipio, y ahí la cosa se complica, porque cuesta explicarle al vecino que los caprichos siempre son de los otros.
¿Quién decide qué es capricho y qué es control? ¿Por qué una auditoría asusta más que una cuenta bien hecha? ¿Y cuánto tiempo más vamos a pagar las tasas sin saber del todo a dónde van?
En el medio, Maricel Cévoli, legisladora provincial y cuarta en imagen, se movió en el terreno de la salud con la actualización de la ley de infecciones de transmisión sexual y un día propio para concientizar sobre las enfermedades cardiovasculares en mujeres, temas que no llenan tribunas pero cambian cosas, mientras el peronismo aparece poco y con una imagen que no está mal, aunque casi nadie llega a verla.
Anoche volví a pasar por Juan Herman y los mixers seguían girando, con ese ruido que no deja dormir pero que, por una vez, nadie sale a reclamar, porque hay ruidos que se prometen y ruidos que se escuchan, y quienes vivimos acá ya sabemos cuál de los dos vale más. El hormigón no necesita traductor.
































