Especialistas de la Red Argentina de Suicidología llevaron su experiencia comunitaria al Congreso Nacional de Suicidología realizado en Buenos Aires. El encuentro reunió a profesionales de distintas disciplinas para debatir herramientas de intervención y fortalecer las redes de cuidado. Marcelo Mandri, presidente de la entidad, destacó el trabajo desarrollado en la provincia de Río Negro como modelo de abordaje comunitario.
El pasado 26 de octubre, la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA) fue sede del Congreso Nacional de Suicidología, un encuentro que convocó a especialistas en psicología, psiquiatría, comunicación e intervención en crisis para analizar estrategias de prevención y fortalecer las redes de contención ante situaciones de sufrimiento extremo. Entre los expositores se destacó la participación de profesionales vinculados a Río Negro, integrantes de la Red Argentina de Suicidología.
La actividad fue inaugurada por el decano de la facultad, el Prof. Dr. Alejo Leopoldo Pérez Carrera, y contó con la participación de la Secretaría de Género y Equidad de la institución. Marcelo Mandri, presidente de la Red Argentina de Suicidología, abrió el debate con una exposición centrada en la necesidad de adoptar ‘una perspectiva biopsicosocial y comunitaria’ para abordar la problemática. Según explicó, el objetivo es comprender ‘la interacción entre las dimensiones biológicas, psicológicas y sociales, sin reducir una situación compleja a un único episodio o motivo’.
En ese marco, Mandri compartió su experiencia de trabajo comunitario en Río Negro y subrayó ‘la importancia de capacitar a los distintos actores sociales y coordinar acciones entre instituciones, familias, organizaciones y servicios de atención’. Remarcó que ‘la comunidad puede cumplir un papel relevante cuando reconoce el sufrimiento, se acerca a la persona y contribuye a que encuentre asistencia’, aunque aclaró que esto ‘no implica reemplazar a los profesionales, sino favorecer una respuesta articulada y evitar que quienes atraviesan una crisis queden aislados’.
La psicóloga Verónica Calamante, también integrante de la Red y especializada en intervención en crisis suicidas, abordó los factores de riesgo y las señales de alarma que requieren atención. Entre los indicadores que mencionó se encuentran ‘los cambios persistentes de conducta, el aislamiento y las modificaciones en el desempeño habitual’. También se refirió a las autolesiones y al consumo problemático, aclarando que ‘estas manifestaciones deben analizarse en el contexto de cada persona y no permiten establecer, por sí solas, un diagnóstico o predecir una conducta’.
Calamante puso especial énfasis en ‘la escucha activa’ y advirtió sobre la necesidad de evitar respuestas que minimicen el sufrimiento. En particular, cuestionó que las autolesiones o los intentos de suicidio sean interpretados como simples ‘llamados de atención’, ya que esa lectura puede descalificar el malestar y obstaculizar una respuesta de cuidado oportuna. Además, destacó que pueden pedir orientación ‘familiares, amistades o vecinos preocupados por alguien’, incluso cuando la persona afectada no busca ayuda por sí misma. Ante el rechazo a recibir asistencia, planteó ‘la importancia de ampliar la red de apoyo y reconocer los límites de quien acompaña’.
Otro de los ejes del congreso fue la comunicación responsable sobre suicidio. Frank Ketelhohn, magíster en Comunicación e integrante del equipo de formación de la Red, analizó cómo los medios y las redes sociales influyen en la manera en que la sociedad comprende esta problemática. En su exposición presentó el ‘efecto Werther’, asociado a posibles conductas de imitación tras determinadas coberturas mediáticas, y el ‘efecto Papageno’, vinculado con relatos que muestran alternativas frente a una crisis y promueven la búsqueda de ayuda.
Entre las recomendaciones para comunicadores se destacaron evitar el sensacionalismo, no difundir métodos, resguardar la identidad y la privacidad de las personas involucradas, y evitar explicaciones que atribuyan una muerte a una única causa. También se remarcó la importancia de incorporar recursos de asistencia en las publicaciones y actuar con responsabilidad frente a contenidos sensibles en redes sociales.
El médico psiquiatra Alejandro Lupi, otro de los integrantes de la Red Argentina de Suicidología, desarrolló un enfoque del sufrimiento psíquico que contempla factores biológicos, psicológicos y sociales. En su presentación abordó distintos cuadros de salud mental, entre ellos la ansiedad, la depresión, el trastorno bipolar y los trastornos psicóticos, además de las problemáticas relacionadas con el consumo de sustancias. Lupi destacó la necesidad de ‘combatir el estigma que puede retrasar una consulta’ y fortalecer el trabajo conjunto entre psicología, psiquiatría y otras especialidades, señalando que los cambios marcados del ánimo y el insomnio persistente son posibles motivos de evaluación, sin reducir el abordaje a un síntoma aislado.
Cerrando su participación en el congreso, Mandri también se refirió a su experiencia como negociador en situaciones de crisis, y destacó la contención verbal, la escucha y la reducción de la tensión como herramientas fundamentales para facilitar una intervención segura por parte de los equipos especializados. El encuentro se consolidó como un espacio de intercambio entre profesionales de distintas regiones del país, con Río Negro como referente en el desarrollo de estrategias comunitarias de prevención.




























