La referente de adopciones de la Primera Circunscripción Judicial de Viedma explicó cada etapa del proceso adoptivo. El eje está puesto en el interés del menor y en la mayoría de los casos se trata de niños de 10 años en adelante.
El proceso de adopción suele generar dudas y expectativas que no siempre coinciden con la realidad. Para aclarar cómo funciona en la práctica, Adriana Abel, referente de adopciones de la Primera Circunscripción Judicial de Viedma, detalló cada instancia del procedimiento que abarca las ciudades de Viedma, San Antonio, Las Grutas, Conesa, Valcheta, Sierra Grande y Guardia Mitre.
Abel explicó que el punto de partida no es la familia sino la situación del niño. “Se decreta la situación de adoptabilidad de un niño o de un grupo de hermanos. Antes de eso están con medidas de protección integral, a través de la Senaf”, señaló. En ese recorrido, los menores pueden pasar por centros de atención o familias solidarias mientras se evalúa si la familia de origen puede revertir la situación.
Una vez que se decreta la adoptabilidad, comienza la búsqueda pero con una lógica específica. “Buscamos familia para un niño, no un niño para una familia”, remarcó Abel. Se selecciona una familia que ya pasó por evaluaciones del Cuerpo de Investigación Forense para diagnosticar si presenta las capacidades parentales adoptivas necesarias.
La funcionaria advirtió que “ser familia por adopción no es lo mismo que una biológica. Hablamos de chicos que presentan determinadas características, con historias previas distintas, muchas veces atravesadas por situaciones dolorosas”. Por eso, las familias pasan por entrevistas con psicólogos y trabajadores sociales, además de talleres informativos.
Cuando se define una familia, comienza la etapa de vinculación a los 15 días y se inicia un proceso de guarda preadoptiva que dura hasta seis meses. “La familia y el niño son convocados a una audiencia con el juez, donde se le pregunta al niño si quiere vincularse con esa familia”, explicó Abel, destacando que la voz del menor es central en todo el proceso.
Uno de los puntos que más genera distancia entre expectativa y realidad es el perfil de los niños. “Muchas familias se anotan para bebés o niños chiquitos, pero en la mayoría de los casos la adoptabilidad es para chicos de 10 años para arriba”, advirtió. Sin embargo, destacó que hay familias que amplían sus expectativas y “van a ser llamadas más rápido”.
En cuanto a los tiempos, Abel fue clara: “El proceso no lleva mucho tiempo en términos objetivos. Para los padres puede parecer largo por lo que vienen atravesando, pero es bastante claro”. La dificultad está en encontrar el vínculo adecuado entre las particularidades de cada niño y las características de las familias.
Actualmente, el Juzgado de Familia de Luis Beltrán mantiene abierta una convocatoria pública para la adopción de dos hermanos de 13 y 16 años que desean permanecer juntos. Los interesados en participar del proceso de adopción pueden escribir al email [email protected]



























