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Audiencias públicas no vinculantes

Escribe: Marcelo Parra

En contra de lo que el sentido común indica, los constitucionalistas consideran que las Audiencias Públicas no deben ser vinculantes.

La palabra “vinculante” suena a poder para el pueblo. Suena a que la gente decide y el político obedece. Por eso cada vez que alguien propone que las audiencias públicas sean vinculantes, gana aplausos. El problema es que aplauso no es sinónimo de buena institucionalidad.

Las audiencias públicas no deben ser vinculantes por 4 motivos centrales:

En democracia representativa, el pueblo delibera en la plaza y decide en las urnas. Delega en representantes que legislan, controlan y se hacen cargo. Una audiencia vinculante borra esa línea. Transforma a 50 vecinos que fueron un martes a las 10 AM en legisladores de hecho. El que no pudo ir, el que trabaja, el que no se enteró, queda sin voz. Pasamos de “un hombre, un voto” a “un asistente, un voto”. Eso no es más democracia.
Además

Si cada obra, tarifa o norma depende de que 200 personas en un salón la aprueben, el Estado no gobierna. Negocia. Cede. Retrasa. Las minorías más organizadas, con más recursos y más tiempo para ir a todas las audiencias, terminan vetando lo que la mayoría votó en elecciones. Un grupo bloquea, el resto paga las consecuencias. El resultado es inmovilismo. Y el inmovilismo también mata.

Por otra parte
Una audiencia es un espacio de escucha. Sirve para ventilar, corregir, sumar datos que el funcionario no vio. Pero decidir exige información técnica, impacto fiscal, estudios de factibilidad, mirada de largo plazo. Eso no se vota a mano alzada en 3 minutos por orador. Vincular la decisión a la audiencia es premiar el mejor discurso, no la mejor política pública. Es reemplazar al ingeniero por el orador.

Y lo más grave
Abre la puerta a grupos de choque y al “fascismo de salón”

Este es el punto más peligroso. Si una ley se sanciona en una audiencia, gana el que mete más gente, el que grita más fuerte, el que aprieta. Un grupo de choque organizado puede copar el salón, impedir que hable el otro, aplaudir o abuchear a comando y “sancionar” una norma a fuerza de patoteo. Le llamamos fascismo

Entonces, ¿para qué sirven las audiencias?
Para lo que fueron pensadas: obligar al poder a escuchar antes de decidir. A transparentar. A explicar. A corregir errores. Una audiencia no vinculante pero obligatoria es un límite sano al poder. El funcionario tiene que ir, dar la cara, responder. Después decide y se hace cargo en las próximas elecciones.

La democracia se defiende con más y mejor representación en los partidos políticos, que es lo que está faltando .Con participación de militantes, referentes y ciudadanos. Y se pone en riesgo, cuando un grupo de choque , puede imponer condiciones. Ustedes, que opinan?

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