Escribe: Marcelo Parra
Cada vez que estalla un caso de corrupción aparece la misma promesa: “Ficha Limpia”. La idea suena bien. Nadie quiere corruptos en las listas. El problema es qué hace esa ley en la práctica.
Hace algo simple y peligroso: le quita al pueblo la decisión.
En una democracia el poder nace del voto. “El pueblo decide”. Ficha Limpia invierte la lógica: “El juez decide, después el pueblo elige entre lo que queda”. Pasamos de ciudadanos a menores de edad. . El día que un burócrata filtra candidatos “por tu bien”, dejaste de ser soberano. Te volvieron administrado.
Y encima es tácticamente inútil. Ficha Limpia no toca el problema real. No acelera la Justicia. No blanquea el financiamiento de los partidos. No toca a los jueces que duermen causas 10 años. Solo corre del tablero al candidato de abajo, al que tiene condena firme. Mientras tanto, el funcionario de carrera con 5 causas en trámite sigue manejando licitaciones. El empresario amigo sigue ganando obras. La ley pega donde hace ruido, no donde hace daño. Humo puro.
Peor aún: no resuelve, empeora. Si la condena en segunda instancia es la regla, la política va a pasar por los tribunales. Cada partido va a usar la Justicia para bajar rivales. Ya pasa. Y cuando la herramienta es selectiva, el corrupto de tu espacio siempre encuentra un fiscal amigo que “estudia la causa”.
La salida no es quitarle derecho al votante. Es respetarlo adulto. Juicios rápidos. Transparencia real del dinero en política. Castigo al juez que duerme expedientes. Eso limpia. Ficha Limpia es para decir algo cuando no se tiene nada que decir. Porque además, si estás condenado, sos culpable, no podés asumir y si estás es proceso sos inocente hasta que se demuestre lo contrario.
Democracias es el gobierno del pueblo y el derecho a equivocarse es el mismo derecho a elegir. Si le quitás uno, le quitás el otro. Y entonces ya no hay democracia. Hay tutela.
El soberano es el pueblo. Ningún burócrata puede decidir por él.


































