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El que más suena no siempre es el que mejor se escucha

En la radio aprendimos que el volumen y la sintonía son cosas distintas. En la política de estos días pasa lo mismo, y algunas agujas se mueven para donde nadie esperaba.

Por Barinoticias

En la radio de antes, cuando la consola tenía perillas que había que cuidar como a un hijo y el operador miraba la aguja del vúmetro con más atención que al locutor, aprendí que una cosa es que el sonido salga fuerte y otra muy distinta es que llegue limpio a las casas, porque uno puede saturar el aire durante una hora entera sin que del otro lado nadie entienda una palabra. El volumen no es la sintonía. Nunca lo fue.

Me acordé de aquella consola repasando lo que el diario fue contando en estos días sobre nuestros dirigentes, que puesto todo junto se parece bastante a ese tablero viejo, con agujas que se sacuden mucho, otras que apenas tiemblan y algún sonido que empieza a crecer desde el fondo cuando nadie lo estaba esperando.

Arriba de todo, en volumen y en limpieza, sigue Alberto Weretilneck, que es a la vez el que más ocupa la agenda y el que mejor queda parado, y que además no se mueve de ahí, cosa que en esta provincia (y en este oficio) vale bastante. El gobernador anunció desde París la licitación de la Zona Franca de Punta Colorada y cerró el circuito de rurales hablando de “metas de riego”, y a quienes vivimos acá, donde las metas suelen llegar bastante antes que el agua, nos queda la duda razonable de cuánto de todo eso se va a ver desde la ruta. Pero la aguja no baja. Eso hay que reconocérselo.

El caso de Walter Cortés es el que más enseña, porque el intendente aparece segundo en presencia y segundo en imagen, con un número que todavía cualquiera envidiaría, pero viene perdiendo terreno con fuerza, y eso justo en la semana en que mostraba el Natatorio Municipal de Playa Centenario, donde “ya se colocan las bases”, y los reductores de la avenida de la Virreyna con sus “primeras mitades” listas. Encabeza entre los de acá, sí, pero cae. Los que ya vimos esta película sabemos que el vecino no aplaude la mitad de un badén, y que la vieja idea de que “la obra habla por sí sola” funciona en los actos de inauguración bastante mejor que en la cola del colectivo.

Algo parecido les pasa a dos ministros provinciales, Agustín Ríos, de Gobierno y Trabajo, y Demetrio Thalasselis, de Salud, que muestran el programa “Al Día RN”, servicios digitales con el Colegio de Abogados, un acuerdo con INVAP y un récord de atenciones odontológicas, y sin embargo los dos bajan fuerte, como si el comunicado ya no alcanzara para tapar lo que uno encuentra cuando va a la ventanilla o a la sala de espera. Suena bien. No alcanza.

Gerardo Del Río, presidente del Concejo Municipal, todavía no tiene con qué compararse, así que no corresponde decir si sube o si baja, aunque su semana tuvo dos caras bien marcadas: le dijo a la oposición que frenar el módulo fiscal era “un capricho electoral” en los mismos días en que el Concejo que preside rechazó el proyecto de auditoría externa sobre las cuentas del Municipio. ¿Capricho de quién, cuando lo que se discute es cuánto vamos a pagar los que vivimos acá? ¿Electoral para qué elección, si el reloj corre para todos por igual? ¿Y las cuentas, quién las mira desde afuera si adentro nadie quiere que se miren?

Al fondo de la tabla, con imagen negativa, aparece el vicegobernador Pedro Pesatti, y sería cómodo despacharlo ahí si no fuera porque es el único de los que tienen presencia sostenida cuya aguja sube con fuerza, en una semana en la que la Legislatura homenajeó a Oscar Meilán por su lucha por los derechos humanos y él salió a criticar el fallo de la Corte y a exigir que el Congreso rechace el DNU de Milei. Exigirle al Congreso desde Viedma es (por decirlo de algún modo) un ejercicio de volumen más que de alcance, y por ahora le resta más de lo que le suma, pero el sonido viene creciendo.

Y hay un detalle que no es menor, porque la mayoría de los que se mueven en este tablero aparecen sin una camiseta partidaria a la vista, mientras el JSRN del gobernador junta casi todo lo que tiene nombre propio y el peronismo y la UCR asoman en el margen, como esos oyentes que llaman a la radio una vez por mes para recordar que todavía existen…

El operador de aquella radio lo decía sin levantar la vista de la consola, con la paciencia de quien había visto pasar a muchos que gritaban fuerte: el que grita mucho se oye un rato; el que se oye bien, se queda.

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