En Villa Pehuenia, comunidades mapuches, el municipio y organismos científicos reactivaron después de 15 años el monitoreo de siete lagunas de la cuenca Aluminé-Moquehue. El foco está puesto en especies invasoras que alteran los ecosistemas patagónicos: el visón americano y una medusa asiática.
La Mesa Intercultural Ambiental conformada a fines de 2025 en Villa Pehuenia impulsó la reactivación de un monitoreo que se había realizado hace 15 años en la región. La iniciativa surgió desde la ciudadanía y convoca a comunidades mapuches, el Municipio, pobladores y organismos de conservación para estudiar la salud de los ecosistemas acuáticos de la cuenca Aluminé-Moquehue.
El monitoreo se concretó en abril de este año, cuando durante dos semanas se tomaron muestras de siete lagunas dentro del paraje Angostura Sur, en territorio de las comunidades mapuche Puel y Catalán. ‘Estamos abordando la dispersión del visón americano y, por otro lado, la presencia de una medusa asiática que viene apareciendo en distintos ambientes de Patagonia en este último tiempo’, explicó la doctora Juana Aigo, investigadora del Conicet y bióloga mapuche del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma).
El relevamiento dividió el registro de datos en tres ejes: la presencia y estado de los peces, la calidad del agua de las lagunas y una evaluación amplia de la ‘salud del ecosistema’ a partir de indicadores de cambio. Entre los primeros hallazgos, se detectó la presencia de peces nativos como la perca y el pejerrey patagónico, junto con poblaciones de truchas introducidas: marrón, arco iris y de arroyo. Aunque estas últimas tienen alto valor para la pesca deportiva, modifican las relaciones ecológicas con las especies locales.
Las especies exóticas invasoras representan la mayor preocupación. El equipo científico trabaja sobre la expansión del visón americano, un carnívoro introducido que ya muestra impactos concretos. ‘Hay registros de la presencia del visón en gallineros’, contó Aigo. Paralelamente, estudian la presencia de una medusa asiática que en los últimos años comenzó a registrarse en distintos ambientes de la Patagonia. Ambos organismos alteran la dinámica de los hábitats que ocupan, desplazan o afectan a especies nativas y pueden desencadenar cambios en cascada en la red trófica.
A partir de los registros de campo y de la ciencia ciudadana, también se relevaron señales de cambio asociadas a otras especies exóticas del paisaje, como el avance del sauce y del pino en zonas ribereñas, que modifican cauces naturales y la conectividad entre arroyos, lagunas y lagos. La combinación de observaciones científicas y comunitarias permitió constatar la presencia de estas invasoras, mapear su distribución y documentar cómo se expresa su impacto en la vida cotidiana de las comunidades.
‘Lo importante de este proceso participativo es que es un paso fundamental para la integración de conocimientos, de saberes, de miradas, porque lo que estamos haciendo es sumar más ojos que puedan mirar juntos el territorio’, remarcó Aigo. Para la investigadora, esto permite que lo que la gente ve todos los días se convierta en información clave para cuidar los ecosistemas acuáticos.
Antes de salir al campo, el grupo de Ecosistemas Acuáticos CEAN-Conicet y las comunidades de la cuenca realizaron una serie de talleres interculturales e interdisciplinarios. A partir del conocimiento y la experiencia de los pobladores del territorio, incluso sus preocupaciones cotidianas, se consensuó qué aspectos iban a observar. Allí se definieron las ‘señales de cambio’ a considerar: presencia de especies exóticas, deterioro del ambiente, basura, algas, malos olores y otros indicadores.
Con esa lista, el equipo ajustó una aplicación de celular que los pobladores y participantes de las jornadas pueden descargar en sus teléfonos. Allí cargan los datos en tiempo real y adjuntan fotos y videos. Todo ese material se almacena en una base de datos que luego analiza el equipo de investigación, con el objetivo de seguir la evolución de la salud de los ecosistemas.
El primer monitoreo se realizó durante el otoño y se planea hacer uno nuevo durante los meses de primavera. ‘En el medio viene todo un trabajo de gabinete y de análisis de esa información’, indicó la bióloga mapuche. Buscan construir una serie de datos que permita comparar estaciones y detectar tendencias a largo plazo en la cuenca Aluminé-Moquehue.
El monitoreo se apoya en una trama amplia de actores que conocen mejor que nadie la zona. Se trata de un trabajo conjunto entre los equipos científicos y técnicos, las comunidades mapuche de la cuenca Puel y Catalán, además de organismos locales de gestión, conservación y educación, como la Municipalidad, los guardafaunas, las áreas protegidas, la Corporación Interestadual Pulmarí y la Tecnicatura en Agroecología. ‘Es importante valorar esa sinergia de actores’, enfatizó Aigo, quien destacó que se trata de un trabajo colectivo que busca fortalecer una gobernanza participativa y orientar acciones para preservar la salud ambiental de los ecosistemas acuáticos.




























