Escribe: Osvaldo Nemirovsci
๐ฟ๐ ๐๐ฆ๐ช๐๐ก๐ก๐ค๐จ ๐๐๐๐จ ๐๐ ๐ก๐ก๐ช๐ซ๐๐ ๐ฎ ๐ฉ๐ง๐๐จ๐ฉ๐๐ฏ๐, ๐๐ ๐จ๐๐ฃ๐ฉ๐๐ง๐ฃ๐ค๐จ ๐ข๐๐จ ๐ซ๐ช๐ก๐ฃ๐๐ง๐๐๐ก๐๐จ ๐ฆ๐ช๐ ๐ฃ๐ช๐ฃ๐๐. ๐ฟ๐ ๐๐ฆ๐ช๐๐ก๐ก๐๐จ ๐๐ค๐จ ๐ฃ๐ค๐๐๐๐จ ๐ฎ ๐ฉ๐ง๐๐จ ๐๐๐๐จ ๐๐ฃ ๐ฆ๐ช๐ ๐๐ช๐๐ข๐ค๐จ ๐ ๐๐๐จ๐ฅ๐๐๐๐ง ๐ ๐ฃ๐ช๐๐จ๐ฉ๐ง๐ค ๐๐๐ฃ๐๐ง๐๐ก ๐ฎ ๐๐ฃ ๐ซ๐๐ง๐๐๐, ๐๐๐จ๐ฅ๐๐๐ฬ๐๐ข๐ค๐จ ๐ช๐ฃ๐ ๐ฬ๐ฅ๐ค๐๐.
No estamos acรก para repetir consignas viejas ni para prenderle velas a una foto en blanco y negro.
A 52 aรฑos de tu partida, el verdadero homenaje no pasa por los discursos acartonados, sino por esa rebeldรญa que nos quedรณ grabada en el ADN. Y que hoy se percibe poco, pero existe.
Fuiste el hombre que demostrรณ que la dignidad no es un lujo, sino un derecho bรกsico, y que la felicidad del pueblo se construye laburando codo a codo.
๐๐ฒ๐ท๐ฎ๐๐๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ฟ๐ฐ๐ฎ ๐๐ฎ๐ป ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐๐ป๐ฑ๐ฎ ๐พ๐๐ฒ, ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฎ๐น๐น๐ฎฬ ๐ฑ๐ฒ ๐ฐ๐๐ฎ๐น๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ ๐ฑ๐ฒ๐ฏ๐ฎ๐๐ฒ, ๐ฐ๐ฎ๐บ๐ฏ๐ถ๐ผฬ ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฎ ๐๐ถ๐ฒ๐บ๐ฝ๐ฟ๐ฒ ๐น๐ฎ ๐ณ๐ผ๐ฟ๐บ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ฒ๐ป๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ฒ๐ฟ ๐น๐ฎ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐ฑ๐ฒ ๐ป๐๐ฒ๐๐๐ฟ๐ผ ๐ฝ๐ฎ๐ถฬ๐.
Hoy no te recordamos desde la nostalgia bajonera, sino desde las ganas de seguir transformando el presente y mirando para adelante. (๐๐ ๐จ๐ ๐ฆ๐ช๐ ๐๐จ๐ฉ๐ค ๐๐จ ๐ข๐๐จ ๐๐ฬ๐๐๐ก ๐๐๐๐๐ง๐ก๐ค ๐ฆ๐ช๐ ๐ฅ๐ค๐ฃ๐๐ง๐ก๐ค ๐๐ฃ ๐ฅ๐ง๐ฬ๐๐ฉ๐๐๐ ๐๐ฃ ๐๐จ๐ฉ๐ ๐๐ฉ๐๐ฅ๐ ๐๐ฃ๐คฬ๐ข๐๐๐, ๐๐๐จ๐๐๐ฃ๐๐๐, ๐จ๐ช๐๐ง๐๐๐).
Tu nombre sigue siendo sinรณnimo de empatรญa, de cosas compartidas, de derechos conquistados y de orgullo popular.
La muerte no pudo borrar lo que sembraste, porque cuando un lรญder cala tan hondo, se convierte en la identidad de su gente.
Siempre, serรก, tu mejor legado ese fuego que nos mueve a no bajar nunca los brazos. Hoy apenas encendido, pero donde hay brasas, hay esperanza.
ยก๐๐ง๐๐๐๐๐จ ๐ฅ๐ค๐ง ๐๐ฃ๐จ๐๐ฃฬ๐๐ง๐ฃ๐ค๐จ ๐ ๐ฅ๐๐จ๐๐ง ๐๐ช๐๐ง๐ฉ๐, ๐๐๐ฃ๐๐ง๐๐ก































