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Acerca de la natalidad…. no inventemos teorías, todas ya fueron inventadas

Escribe: Marcelo Parra

Dado que todo el mundo opina acerca de los índices de natalidad en la Argentina y el mundo, comenzando por las barbaridades que dijo Milei, sugiero recurrir a la fuente y hacer un seguimiento de los investigadores que a lo largo de la historia se han dedicado al tema.

Entre los clásicos se encuentra Thomas Malthus, quien penaba porque advertía que en su época la población crecía geométricamente mientras los alimentos crecían en forma aritmética. Como solución a este problema, planteó que las catástrofes, terremotos y guerras no eran tan malos como decía la prensa. Por su parte, Émile Durkheim pensó que la densidad demográfica se debía a la «división del trabajo». Por último, entre los clásicos figura Kingsley Davis, quien desarrolló la teoría de la transición demográfica: algo así como que se tenían muchos hijos para que sobreviviera alguno ante tanta enfermedad y mortandad, y lentamente la humanidad fue entendiendo, gracias a los avances tecnológicos y de salud, que ya no morían tantos y que podían tener menos.

Más acá en el tiempo hay pensadores como Larissa Lomnitz, antropóloga franco-mexicana que realiza investigaciones muy interesantes en el DF y plantea que la natalidad funciona, de manera inconsciente, como una estrategia de supervivencia. Por ejemplo, las clases bajas tenían muchos hijos para garantizar mayor fuerza de trabajo y redes barriales con padrinos que les dieran fortaleza para vivir en situaciones complicadas. Las clases medias tenían pocos hijos para poder dejarles algo de herencia y evitar que la cría perdiera estatus social. Por último, las clases dominantes tenían muchos hijos e hijas para fortalecer su poder a través de alianzas: un hijo militar, otro cura, otro banquero, etc.

Entre otros, pueden consultar a Marvin Harris, David Kertzer, Sarah Franklin, Oscar Lewis y Philippe Ariès. El padre del decrecimiento es Serge Latouche, quien sostiene que hay que producir, procrear y consumir menos; después de todo, nuestra especie es una suerte de cáncer para el planeta. También aportan miradas sobre el tema Zygmunt Bauman (para quien en la «vida líquida» no hay espacio para los hijos), Wolfgang Lutz y Elisabeth Beck-Gernsheim.

Para tener un marco teórico de fondo, es imperdible Claude Lévi-Strauss con Las estructuras elementales del parentesco. Afirma que la natalidad no es un hecho meramente biológico, sino cultural, y señala al tabú del incesto como la primera regla de la humanidad y la base fundante de la civilización. Por su parte, para el materialismo histórico, la natalidad no tiene que ver con el amor ni con el instinto: la premisa fundamental, expuesta por Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, es que cada modo de producción necesita un tipo específico de familia. Así, la transición demográfica no sería solo un cambio cultural, sino una transformación en la relación entre el capital y el trabajo. Este humilde cronista considera que por ahí va la cosa.

Para cerrar, considero importante no andar inventando teorías nuevas, sino debatir a partir de lo que discuten quienes realmente estudian el tema. Y a Milei… ¿qué decirle? No, no es un tema de los «pañuelitos verdes» ni de la ESI. Y si los jubilados cobran mal, es por los asquerosamente ricos que quieren la parte del león, la sartén por el mango y el mango también, de puro angurrientos, y no porque falten «humanos de reposición». Milei, vos, ¿para quién gobernás?

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