Más de 15 personas con discapacidad visual practican este deporte en la ciudad, en clases gratuitas que se dictan tres veces por semana. El proyecto, que nació en 2018 en el Instituto de Formación Docente, se consolidó como un lugar de encuentro que trasciende lo deportivo.
El tenis adaptado para personas con discapacidad visual se afianza en Bariloche como un espacio de inclusión, desarrollo personal y recreación que, aunque todavía poco visibilizado, transforma la vida de sus participantes. Con más de 15 jugadores de entre 28 y 83 años, las clases gratuitas funcionan en el gimnasio Fioravanti Ruggieri y en el Instituto de Educación Física.
Antonella Nicolini, una de las docentes del espacio, destacó la importancia de dar a conocer esta actividad: ‘Es muy importante para nosotros que se visualice esta actividad para que se sume más gente, que tenga baja visión o sea ciega totalmente’. El proyecto nació en 2018 como una iniciativa del Instituto de Formación Docente Continua en Educación Física y fue creciendo con el tiempo, contando actualmente con los docentes Graciela y José Hueraman, que junto a Nicolini asumen la tarea deportiva con fuerte compromiso.
Las clases comienzan con una entrada en calor para deportistas de todas las categorías. La cancha se adapta con sogas y cintas, mientras que la pelota utilizada tiene características particulares: cuenta con un cascabel y dos colores que dependen del grado de dificultad requerido. La práctica desarrolla no solo destrezas físicas, sino también el oído y la percepción del espacio.
Los jugadores se dividen en dos categorías: B1 para personas totalmente ciegas y B2 para aquellos con disminución visual. Sin límite de edad, el grupo reúne a participantes desde los 28 hasta los 83 años. ‘Es un lugar que va más allá del deporte, es socialización, hacer vínculos y compartir’, reflexionó Nicolini, quien llegó al proyecto como estudiante del profesorado brindando ayuda en un torneo y terminó involucrándose de lleno. ‘Fue un desafío al principio, porque no es algo cotidiano, pero lo disfruto al 100%’, concluyó.
Las clases gratuitas se dictan los lunes y jueves de 15.30 a 17 horas en el SUM del Fioravanti, y los martes de 15 a 16.30 horas en las instalaciones del Instituto de Educación Física, ubicado en el Paseo de los Olímpicos 91.
Natalia, quien integra el espacio desde sus inicios y logró avances significativos tras la pérdida total de la visión, compartió su experiencia: ‘Lo que más cuesta es la devolución… hay días mejores que otros, pero seguimos en la lucha’. Más allá de lo deportivo, valoró el ánimo del grupo: ‘Hay quienes lo toman como recreativo y otros que nos queremos preparar para competir, pero todo suma. En cada torneo, además de la raqueta y la pelota, están los mates, las charlas… compartir es realmente lindo’. Actualmente se prepara para competir en un torneo en Luis Beltrán, tras haber participado en certámenes nacionales en Buenos Aires y Mendoza.
Rafael, otro de los participantes, coincidió en la importancia del espacio: ‘Esto es algo hermoso, nos saca del problema visual. Es un grupo muy agradable y es un entretenimiento muy necesario’. Su llegada al tenis adaptado se dio tras perder la vista parcialmente, lo que lo imposibilitó continuar ejerciendo como camarógrafo en medios. ‘Me dijeron que jugaban, vine, me inscribí y ya hace tres años que estoy. Me siento muy conforme’, contó.
El crecimiento del espacio también fue posible gracias al acompañamiento municipal, que permitió el acceso a instalaciones más amplias y adecuadas. Nicolini remarcó la importancia de sostener estos convenios a futuro: ‘Es un lugar donde se sienten más cómodos, sobre todo por la cuestión de la baja visión’.































